De la vida y de la esperanza

Leyendo las columnas y las opiniones que suelo leer a diario en un periodico nacional, me he encontrado con la opinion sobre un escritor: F. Scott Fitzgerald. Y la verdad es que me ha parecido una muy buena opinion y putno de partida para editar hoy esta entrada y titularla tal cual es….

Disfrutalo…

Desde que leí uno de los últimos textos de F. Scott Fitzgerald, La fisura, he repetido, infinidad de veces, para mí y con mis amigos, las palabras con las que da inicio a sus reflexiones: “Toda vida es, desde luego, un proceso de demolición”. Para no enterrar al lector, y para incitarlo a no abandonar la lectura o tirar el libro, pocas líneas después escribe: “La marca de una inteligencia de primer plano es su capacidad para concentrarse en dos ideas contradictorias sin perder la posibilidad de funcionar. Por ejemplo, deberíamos poder comprender que las cosas carecen de esperanza, y no obstante estar resueltos a cambiarlas”. No hay duda de la sagacidad de Fitzgerald y de su deseo de detener la destrucción (su destrucción): al igual que en la vida, después de las páginas sobre la demolición, siguen las de la esperanza. Y es que ambas vivencias son interdependientes, tanto en la comunidad como en las personas. De una nace la otra y, con frecuencia, se retroalimentan. Las fracturas de la vida se sellan por medio de las ilusiones y por el abrigo que implica apearse a la esperanza.

Vaciarse, como método terapéutico, implica que la vida, la vida de todos, la de la calle, la de la sociedad, la de los amigos y la de la familia, se puede impregnar de la demolición del creador, proceso que permite entender, identificar y empalizar con los dolores de la persona afectada. Las vidas de los otros –plagio el título de la película que lleva el mismo nombre– se contagian, no porque el alcoholismo o las alteraciones mentales sean contagiosas per se, sino porque la convivencia con el sufrimiento de las personas enfermas marca el entorno y a los seres cercanos.

Sin embargo, como bien dice Fitzgerlad, aunque vivir duele, no todo es oscuro: a pesar de su sufrimiento, o quizás, más bien, por su sufrimiento, en sus cavilaciones incluye la palabra esperanza. Y la introduce para confrontar las destrucciones producidas por su alcoholismo. En ese sentido, y gracias a la sabiduría de los enfermos, es válido afirmar que aprender a vivir –y a vivirse–, y a curar –y a curarse–, implica que la demolición, a la que nos enfrentamos todos los días, se puede atemperar desde los múltiples significados de la palabra esperanza.

 

~ por mayorka en 17 Octubre, 2007.

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